
Señor de la vida, en este lunes de los Fieles Difuntos vengo a ti con nombres y rostros en el corazón. Pienso en los que se fueron antes que yo y que siguen viviendo en mi memoria y en mi cariño.
Dales, Señor, el descanso eterno, y que brille para ellos la luz perpetua. Purifica lo que en ellos necesite ser sanado y recíbelos en el abrazo de tu misericordia.
Gracias por todo lo que me dejaron: su ejemplo, sus palabras, su manera de amar. Ayúdame a honrar su memoria viviendo con bondad lo que me enseñaron.
Te encomiendo también a las almas que nadie recuerda, a los que murieron solos o lejos de casa. Que ninguna quede sin una oración ni sin tu mirada amorosa.
Consuela a las familias que hoy visitan el cementerio con lágrimas en los ojos. Que la fe en la resurrección transforme su tristeza en esperanza serena. Amén.