
Padre generoso, todo lo que tengo lo he recibido de ti: la vida, la familia, el pan y la fe. Al comenzar este miércoles quiero agradecerte con un corazón abierto.
Líbrame del egoísmo que me encierra en mis cosas. Enséñame a dar no solo lo que me sobra, sino también mi tiempo, mi atención y una sonrisa a quien la necesite.
Hoy recordamos a san Carlos Borromeo, pastor entregado a su pueblo en tiempos difíciles. Que su ejemplo me anime a cuidar de los demás sin buscar recompensa.
Pon en mi camino a alguien a quien pueda ayudar hoy, y dame la sensibilidad para reconocerlo. Que no pase de largo ante el que sufre.
Bendice mi jornada, mis decisiones y mis palabras. Que al final del día pueda decir que amé un poco más que ayer. Amén.
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