
Amado Dios, este domingo me consuela saber que escuchas todas mis oraciones.
Incluso las que no he pronunciado. Las que solo son un suspiro o una lágrima.
Me acerco a ti con un corazón lleno de fe.
Mis peticiones están en tus manos, y tú me responderás con paz, bienestar y bendición.
Salgo a este día escuchado por ti. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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