
Amado Dios, este jueves me consuela saber que nada de lo que vivo te es indiferente.
No hay silencio que no entiendas. Cuando no encuentro palabras para orar, tú lees mi corazón.
No hay tristeza que no conozcas, ni amor que ignores, ni lágrima que no valores. Cada una la guardas, como dice el salmo, en tu odre.
Por eso puedo tener fe y sonreír. Tú me amas, estás conmigo, y hoy todo saldrá bien a tu manera.
Salgo a este día sabiéndome comprendido. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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