
Amado Dios, este jueves quiero hacer algo distinto: no pedirte nada.
Solo quiero darte gracias por todo lo que haces por mí. Lo que veo y lo que no veo.
Quiero decirte que te amo. Con un amor imperfecto, pero sincero.
Y quiero decirte que mi vida y mi destino están en tus manos. A tu lado no tengo nada que temer y nada me faltará.
Salgo a este día con el corazón lleno de amor y gratitud. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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