
Amado Dios, este jueves quiero recordar las veces que me sorprendiste. Cuando ya no esperaba nada, llegaste.
Qué grande eres. Tus bendiciones no siguen mi calendario, sino el tuyo, que es siempre más sabio.
No llegas tarde ni temprano. Llegas justo cuando más te necesito, aunque a veces me impaciente.
Hoy confío en que puedes sorprenderme otra vez. Abro mi corazón a lo inesperado.
Salgo a este día atento a tus sorpresas. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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