
Amado Dios, este jueves te pido que me hables. No con voz de trueno, sino como le hablaste a Elías: en una brisa suave.
Tú conoces mi vida, mis anhelos y mis necesidades. No tengo que explicarte nada; ya lo sabes.
Susúrrame palabras de bendición cuando me sienta poca cosa. Susúrrame palabras de sabiduría cuando no sepa qué hacer.
Toma mi mano y llévame por caminos buenos. Guíame y protégeme en cada paso de este día.
Salgo atento a tu voz. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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