
Padre bueno, en esta mañana de jueves me pongo en tu presencia antes de que comiencen los ruidos y las prisas. Gracias por despertarme un día más, por el amanecer que me recuerda tu fidelidad y por la oportunidad de empezar de nuevo. Quiero que mis primeros pensamientos sean para ti.
Tú, que alimentas a las aves del cielo y vistes de belleza a los lirios del campo, conoces cada una de mis necesidades. Hoy quiero aprender a confiar en tu providencia. Aleja de mi corazón la ansiedad por el mañana y enséñame a vivir este día con sencillez, haciendo lo que me corresponde y dejando el resto en tus manos.
Dame sabiduría para tomar buenas decisiones, paciencia para lo que no sale como espero y humildad para pedir ayuda cuando la necesite. Que no me deje llevar por el desánimo ni por la comparación con los demás, sino que agradezca lo que tengo y lo comparta con generosidad.
Te encomiendo a mi familia y a mis seres queridos. Cuida a los que están lejos, fortalece a los que atraviesan momentos difíciles y acompaña a los que hoy buscan trabajo, salud o consuelo. Que todos sientan tu cercanía y que nunca les falte una mano amiga en el camino.
Señor Jesús, en este jueves recuerdo tu amor entregado en la Última Cena, cuando partiste el pan y lavaste los pies de tus discípulos. Enséñame a servir como tú, con gestos concretos de bondad, y a reconocer tu rostro en cada persona que encuentre hoy.
Espíritu Santo, ilumina mis palabras y mis obras. Que mi trabajo sea honesto, mi trato amable y mi mirada llena de esperanza. Y que, al final de este día, pueda decir con alegría que caminé contigo.
Pongo este jueves bajo tu cuidado, confiado en que tu amor nunca falla. Te lo pido por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.