
Amado Dios, hoy es lunes y con él se abre la primera página de un mes que todavía no he vivido. Antes de llenar la agenda y de correr detrás de los pendientes, quiero mirarte a ti y decirte con sencillez: este tiempo que comienza es tuyo, y te lo entrego desde la primera hora.
Tú sabes todo lo que cargo. Conoces las cuentas que me quitan el sueño, los asuntos de salud que me inquietan, los proyectos que aún no se concretan y los anhelos que guardo en silencio. No quiero esconderte nada; deposito ante ti lo que me hace falta y también lo que espero con ilusión.
Me abandono a lo que tú has pensado para mí. Hay caminos que no comprendo y respuestas que tardan en llegar, pero sé que tu amor no se equivoca. Regálame un corazón paciente para aguardar tu momento, docilidad para aceptar lo que dispongas y ánimo para no rendirme cuando las fuerzas flaqueen.
Te pido que estas semanas estén marcadas por tu gracia: que pueda vencer mis temores y mis viejos hábitos, que el trabajo de mis manos dé fruto, que en mi casa reinen la alegría y la armonía, y que cada día descubra señales de tu cariño en lo cotidiano. Acompaña también a los míos y a quienes empiezan este mes con el alma cansada.
Ilumina cada paso que dé desde esta mañana y siembra serenidad en mis decisiones. Santa María, madre de la esperanza, cuida este nuevo comienzo y llévalo al corazón de tu Hijo. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.