
Amado Dios, comienzo este lunes repitiendo la oración que Jesús nos enseñó: hágase tu voluntad. Es fácil decirlo; lo difícil es vivirlo cuando mis deseos van por otro lado.
Te entrego mis ilusiones. Algunas me llenan de energía y otras me dan miedo de tanto que las deseo. Tú sabes cuáles me harán bien y cuáles me alejarían de ti.
Te entrego mis problemas. No quiero cargarlos sola ni solo; quiero compartirlos contigo y escuchar lo que tengas que decirme a través de las personas, de tu Palabra y de los acontecimientos.
Te entrego mis necesidades: las materiales y las del alma. Confío en que no me dejarás sin lo necesario, aunque a veces me pidas esperar.
Que esta semana, en cada decisión, pueda decir con María: aquí estoy, que se haga en mí según tu palabra. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.