
Amado Dios, como a Josué al entrar en la tierra prometida, hoy me dices: esfuérzate y sé valiente. Lo recibo como una palabra para mí en este lunes.
Hay cosas que me dan miedo esta semana: una conversación pendiente, una cita médica, un compromiso que me supera. Tú no me pides que no sienta miedo, sino que no deje que el miedo decida por mí.
Dame valentía para hacer lo correcto aunque nadie me aplauda, para decir la verdad con caridad y para pedir ayuda cuando no pueda solo. Que no desmaye ante el primer tropiezo.
Tú me amas, y ese amor es el suelo firme donde puedo apoyarme. Cuida también a mis seres queridos; cuando yo no pueda estar con ellos, estás tú.
Salgo hoy a la vida con el corazón animado, sabiendo que vas delante de mí. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.