
Amado Dios, la palabra que quiero llevar en el bolsillo este lunes es misericordia. La necesito para mí y la necesito para tratar a los demás.
Te presento mis necesidades, mis luchas y mis esperanzas. Algunas luchas son contra otros, pero la mayoría son contra mí mismo: contra mi orgullo, mi desorden, mi falta de fe. Tu misericordia es más grande que todas ellas.
Que esta semana me sienta mirado con compasión y no con reproche. Y que, sabiéndome perdonado, pueda perdonar con más facilidad a quien me ofenda en el trabajo, en la calle o en mi propia casa.
Que tu voluntad se cumpla en mí. Si me pides cambiar algo, dame la fuerza; si me pides esperar, dame la paciencia; si me pides soltar, dame la libertad.
Empiezo este día confiado en un Dios que es rico en misericordia. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.