
Amado Dios, despierto este lunes con la certeza de que no empiezo la semana a la intemperie. Tu palabra me asegura que eres un Padre que no se distrae, que conoce la hora en que salgo de casa y la hora en que regreso, y eso me basta para levantarme con ánimo.
Te presento a mi familia, uno por uno. Tú sabes quién va a una entrevista, quién arrastra un dolor, quién está estudiando para un examen difícil. Rodéalos con tu presencia, cuida sus caminos y no permitas que el miedo les robe la paz durante estos días.
Dame salud para cumplir mis tareas y también un propósito claro, para no vivir solo por inercia. Que cada esfuerzo tenga un sentido y que sepa reconocer tus bendiciones cuando lleguen, grandes o pequeñas, sin dar nada por descontado.
Concédeme un corazón alegre, de esos que contagian esperanza en la oficina, en el bus o en la cocina de la casa. Y si llegan contratiempos, recuérdame que tus promesas no caducan con las dificultades.
Pongo en tu altar estos siete días con todo lo que traen. San José, custodio de la Sagrada Familia, cuida también la mía. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.