
Amado Dios, al comenzar este lunes te presento mi lista, no de tareas, sino de luchas. Tú las conoces todas.
Por cada lucha, te pido una victoria. No necesariamente la que yo imagino, sino la que me haga crecer: la victoria de la paciencia, del perdón, de la perseverancia.
Por cada problema, una solución. A veces la solución llega rápido y otras exige tiempo y trabajo; dame lucidez para buscarla y humildad para aceptar ayuda.
Por cada desaliento, fortaleza. Cuando sienta que no puedo más, recuérdame que tu gracia me basta y que tu poder se manifiesta en mi debilidad. Y por cada necesidad, una respuesta tuya, a tu tiempo y a tu modo.
Que esta semana sea testigo de tu fidelidad en mi vida. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.