
Amado Dios, el mes va llegando a su final y este lunes me invita a mirar hacia atrás antes de seguir adelante.
Gracias por los éxitos de estas semanas, grandes o pequeños. Gracias por las alegrías: las reuniones familiares, las buenas noticias, los momentos de paz. Y gracias por las lecciones, incluso por las que me costaron lágrimas.
Aprendí que no puedo controlarlo todo. Aprendí que la paciencia da fruto. Aprendí que hay personas que valen oro y que debo cuidarlas más. Ayúdame a no olvidar estas enseñanzas.
Ahora miro hacia el mes que viene con esperanza. Te lo entrego desde ya, con sus días todavía en blanco. Que sea un tiempo de paz, felicidad y crecimiento.
Cierro este capítulo agradecido y abro el siguiente confiado. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.