
Amado Dios, me gusta pensar que nada en mi vida sucede por accidente. Que este lunes haya amanecido, que tenga fuerzas para levantarme y que mi primer pensamiento pueda ser para ti, son señales de que me buscas antes de que yo te busque.
Tú conoces mis anhelos más profundos, esos que no le cuento a cualquiera. Conoces también mis luchas: los hábitos que quiero cambiar, las relaciones que me duelen, las metas que se me resisten. Te las entrego sin adornos, tal como son.
Te pido que esta semana me tomes de la mano. Guíame cuando tenga que decidir, protégeme en los caminos y en los lugares a donde vaya, y bendice cada encuentro, para que las personas que me crucen salgan un poco más contentas.
Que no camine distraído. Abre mis ojos para descubrir que tú estás en los detalles: en la llamada oportuna, en la ayuda inesperada, en la palabra amable que llega justo cuando la necesito.
Hoy pongo estos días enteramente en tus manos y me dispongo a vivirlos contigo. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.