
Amado Dios, el lunes me encuentra con la lista de pendientes en la cabeza y el corazón un poco acelerado. Antes de correr, me detengo para ofrecerte esta semana entera: sus mañanas, sus tardes y sus noches.
Bendice mi hogar. Que sea un lugar donde se escuche, donde se perdone pronto y donde nadie se sienta solo. Que en la mesa haya pan y también conversación, y que tu presencia sea la invitada principal.
Bendice mi trabajo. Que lo haga con honradez y con esmero, aunque nadie me mire. Que sepa tratar con respeto a compañeros y clientes, y que mis manos sirvan para construir y no para destruir.
Bendice mis planes. Algunos son grandes y otros sencillos; tú sabes cuáles convienen. Dame salud para llevarlos adelante, paz para no desesperar, misericordia para con los que fallan, gozo para disfrutar el camino y sabiduría para corregir el rumbo cuando haga falta.
Que esta semana todo lo que haga lleve tu sello. Santa María, mujer trabajadora de Nazaret, acompáñame. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.