
Amado Dios, hoy enciendo la semana con tu nombre. Antes de que el día se llene de ruido, quiero que tu luz sea lo primero que entre en mi casa y en mi corazón.
Hay rincones de mi vida que siguen a oscuras: preocupaciones que no me atrevo a mirar, heridas antiguas, decisiones que pospongo. Ilumínalos sin prisa, con la misma paciencia con que el sol va entrando poco a poco por la ventana.
Que tu presencia brille también en mi familia. Que se note en nuestra manera de hablarnos, en la forma de resolver los desacuerdos y en la alegría con que compartimos lo poco o lo mucho que tenemos.
No quiero una luz que dure solo el lunes. Ayúdame a mantenerla encendida con la oración, con pequeños gestos de bondad y con la gratitud de cada noche. Y si un día se debilita, sopla tú sobre ella.
Que esta semana vivamos plenos, no porque todo sea perfecto, sino porque tú estás con nosotros. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.