
Amado Dios, esta mañana de martes mis hijos salen de casa: al colegio, a la universidad, al trabajo, a la vida. Y yo me quedo con el corazón un poco inquieto, como todo padre y toda madre.
Te los confío, Señor. Tómalos de la mano como yo lo hacía cuando eran pequeños y cruzábamos la calle. Hoy ya no puedo acompañarlos a todas partes, pero tú sí.
Líbralos de los peligros del camino, de las malas compañías, de las tentaciones que se disfrazan de diversión y de las palabras que podrían herir su autoestima. Dales criterio para elegir bien y valor para decir no cuando haga falta.
Haz que regresen sanos y salvos, y que encuentren en casa un lugar de paz, donde puedan contar lo que viven sin miedo a ser juzgados.
María, madre que buscó a su Hijo durante tres días, cuida a los míos. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.