
Amado Dios, este martes te presento las luchas diarias de mi familia. No son grandes tragedias, pero cansan: el tráfico, las cuentas, las tareas, los desacuerdos.
Guíanos por camino bueno. Que no tomemos atajos que dañen a otros ni a nosotros mismos. Que cada decisión de hoy nos acerque a ti.
No nos dejes tropezar. Y si tropezamos, levántanos pronto. Que una caída no nos haga desistir ni nos llene de culpa paralizante.
Danos hoy tu bendición, esa que hace la diferencia entre un día cualquiera y un día vivido contigo. Y dánosla mañana y siempre.
Comenzamos este martes de tu mano. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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