
Amado Dios, a veces hago el bien y nadie lo nota. Ayudo, y no me agradecen. Me esfuerzo, y otros se llevan el mérito. Hoy te traigo esa frustración.
Enséñame a hacer las cosas por amor y no por aplauso. Tú ves en lo secreto, y tu mirada me basta.
Creo que todo lo que hago con sinceridad vuelve a mí de alguna manera, no como pago, sino como fruto. Una paz interior, una alegría limpia, una conciencia tranquila.
Que no me amargue cuando otros no me correspondan. Que no deje de ser bueno porque el mundo no lo valore. Tu recompensa no infla el ego; llena el corazón.
Hoy vuelvo a sembrar bien sin esperar nada. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Facebook Comments Box