
Amado Dios, hoy enfrentaré situaciones en las que no sabré qué hacer ni qué decir. Antes de que lleguen, te pido claridad.
Aclara mi mente, para pensar con calma y no reaccionar por impulso. Aclara mi corazón, para que mis motivos sean limpios y no busque solo mi conveniencia.
Dame las palabras justas. Que sepa cuándo hablar y cuándo callar, cuándo corregir y cuándo consolar. Que mi boca construya y no destruya.
Ayúdame a tomar las mejores decisiones: no las más cómodas, sino las que me hacen verdaderamente feliz y me acercan a ti.
Salgo a este martes con la mente abierta a tu luz. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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