
Amado Dios, este martes te entrego mi vida y mis ilusiones. Las ilusiones me mantienen en movimiento; sin ellas, la vida se volvería gris.
Guía mis pasos para que no persiga ilusiones falsas. Que mis sueños estén alineados con tu voluntad y que los busque con honestidad.
Permíteme alcanzar el éxito verdadero, que no se mide por el dinero ni por la fama, sino por la fidelidad y el amor. Y la felicidad que nace de vivir según tu corazón.
Que tu manto me proteja como protegió a tantos santos. Bajo él me siento seguro. Y que tus bendiciones me acompañen en cada paso de este día.
Salgo cubierto por tu manto. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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