
Amado Dios, el mes está a punto de terminar y este martes quiero hacer balance contigo.
Gracias por mis logros, grandes o pequeños. Algunos me costaron mucho esfuerzo; otros llegaron como regalo inesperado. Todos vienen de ti.
Gracias por las bendiciones que recibí: la salud, el trabajo, la familia, la protección. Gracias también por lo que no salió como esperaba, porque me enseñó a confiar.
Desde ahora afirmo, en el nombre de Jesús, que el mes que viene será un tiempo de dicha y prosperidad. No por arte de magia, sino porque estarás conmigo en cada día.
Cierro este mes agradecido y abro el siguiente con fe. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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