
Amado Dios, todos tenemos un rincón del corazón que no mostramos a nadie. Hoy, en este martes, quiero abrirte ese rincón.
Ahí guardo miedos que me avergüenzan, heridas que no he contado, deseos que no me atrevo a decir en voz alta. También guardo preguntas para las que no tengo respuesta.
Tú conoces ese lugar mejor que yo. No te asusta lo que hay ahí, ni dejas de amarme por ello. Al contrario, quieres entrar para sanarlo y llenarlo de luz.
Te dejo también mis luchas visibles, mis anhelos y mis necesidades. Todo junto, sin separar lo presentable de lo que no lo es.
Protégeme hoy y guíame con tu amor, que no juzga sino que restaura. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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