
Amado Dios, este martes quiero ofrecerte mi trabajo. No solo el que me pagan, sino todo esfuerzo: el de la casa, el de los estudios, el de cuidar a otros.
Que no me detenga ante el cansancio ni ante la falta de reconocimiento. Tú ves lo que hago en lo escondido, y eso me basta.
Dame fortaleza para seguir adelante cuando los resultados tarden. Como el sembrador que no ve brotar la semilla al día siguiente, quiero perseverar con paciencia.
Que trabaje con dedicación, poniendo lo mejor de mí; con fe, sabiendo que tú bendices el esfuerzo honrado; y con esperanza, confiando en que nada de lo que hago por amor se pierde.
Tú me amas y puedes hacer grandes cosas con mi pequeño esfuerzo. Pongo este día de trabajo en tus manos. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.