
Amado Dios, este miércoles te traigo mis pruebas. Algunas son pesadas y llevan tiempo; otras son nuevas y me asustan.
Tú estás siempre conmigo. Esa es la verdad que quiero repetir hoy cada vez que me sienta solo o desanimado.
Creo que las pruebas no son castigo, sino oportunidades de crecer. Como el oro se purifica en el fuego, mi fe se fortalece en la dificultad.
Y creo que detrás de cada prueba hay una bendición esperándome. No siempre la que imagino, pero siempre buena.
Salgo a este día confiando en ti a pesar de todo. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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