
Amado Dios, este miércoles quiero decirte algo que no te digo lo suficiente: te amo.
Te amo porque cuando me caí, me levantaste. No me dejaste en el suelo, ni me reprochaste. Me tendiste la mano.
Te amo porque cuando lloré, me consolaste. Porque cuando reí, compartiste mi alegría. Porque en cada momento de necesidad, estuviste ahí.
Mi amor es pequeño comparado con el tuyo, pero es sincero. Ayúdame a demostrarlo no solo con palabras, sino con obras.
Hoy y siempre, te amo, Señor. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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