
Amado Dios, este miércoles quiero elegir la felicidad. No una alegría superficial, sino la que nace de saberme acompañado por ti.
Tú estarás a mi lado todo el día. Cuidarás de mí y de mi familia, aunque estemos en lugares distintos.
Llenarás nuestra mente de sabiduría para decidir bien, y nuestro corazón de amor para tratar a los demás con bondad.
Nos llevarás por caminos de bendición y nos librarás de todo mal. Con esa certeza, ¿cómo no ser feliz?
Salgo a este día con alegría. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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