
Amado Dios, este miércoles recuerdo que tú sigues escribiendo mi historia. No está terminada; hay capítulos que todavía no conozco.
A veces me desanimo porque no veo resultados. Pero no quiero que mi fe se apague por lo que aún no ha llegado.
Tú eres un autor que sabe lo que hace. Los capítulos difíciles tienen sentido dentro de la historia completa.
Creo que lo bueno ya viene en camino. Mantengo encendida la lámpara de la fe, como las vírgenes prudentes que esperaban al esposo.
Vivo este día confiando en tu pluma. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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