
Amado Dios, este miércoles me siento cargado. Las responsabilidades, los problemas y las preocupaciones se acumulan.
Pero recuerdo que tú no me das una carga que no pueda soportar. Tú conoces mis fuerzas mejor que yo.
Sabes hasta dónde puedo llegar. Y cuando siento que no puedo más, tú siempre me ayudas, a veces a través de otras personas, a veces con una fuerza que no sé de dónde viene.
Ayúdame a seguir adelante sin importar las circunstancias. Y enséñame a llevar la carga contigo, porque tu yugo es suave y tu carga ligera.
Salgo a este día confiando en tu ayuda. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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