
Amado Dios, esta mañana abrí los ojos y lo primero que vi fue tu creación: la luz que entraba por la ventana, el cielo, el sonido de la vida que despierta.
Gracias por la salud que me permite levantarme. Gracias por el techo que me protegió durante la noche. Gracias por la ropa que me pondré y por los alimentos que hay en la mesa.
Gracias, sobre todo, por una familia que amo y que me ama. Ese amor es reflejo del tuyo.
Ayúdame a vivir este miércoles sin olvidar tanta bendición. Que cuando aparezca una queja, recuerde todo lo que tengo.
Salgo a este día con el corazón agradecido. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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