
Señor Jesús, en esta mañana de miércoles abro los ojos y lo primero que quiero hacer es darte gracias. Gracias por el descanso de la noche, por el aire que respiro y por la luz que entra por mi ventana. Llegamos a la mitad de la semana y reconozco que cada día que me regalas es una oportunidad nueva para caminar contigo.
Tú conoces lo que llevo en el corazón: las tareas pendientes, el cansancio que a veces se acumula y las preocupaciones que quisiera resolver de una vez. Hoy las pongo en tus manos. Enséñame a no correr detrás de todo, sino a hacer cada cosa con calma, con orden y con amor, confiando en que tú vas delante de mí.
Dame, Señor, un espíritu de perseverancia. Que no me desanime si el camino parece largo ni me rinda ante las dificultades, pequeñas o grandes. Recuérdame que tu gracia me basta y que tu fuerza se manifiesta precisamente cuando me siento débil. Que este miércoles sea un día para seguir adelante con fe.
Bendice mi casa y a cada persona de mi familia. Acompaña a quienes salen a trabajar, a estudiar o a cuidar de otros. Pon tu mano sobre los enfermos, sobre los que están solos y sobre los que hoy comienzan el día con tristeza. Que encuentren en ti consuelo y en nosotros una palabra amable.
Haz de mis labios un instrumento de paz. Que hoy sepa escuchar antes de responder, perdonar antes de juzgar y servir sin esperar nada a cambio. Que mi trabajo, por sencillo que sea, sea una ofrenda para ti, y que en mis gestos de cada día los demás puedan descubrir un poco de tu bondad.
Virgen María, Madre nuestra, acompáñame en esta jornada y enséñame a decir sí a la voluntad de Dios como tú lo hiciste. Pongo este día, con sus alegrías y sus desafíos, bajo tu cuidado maternal.
Señor, me levanto confiado porque sé que no camino solo. Lo que venga hoy lo viviré de tu mano. Te lo pido en el nombre de Jesús, nuestro Señor. Amén.