
Amado Dios, este sábado escucho tu invitación: levántate.
Llénate de esperanza. Sigue adelante con fe.
Tú siempre estás conmigo, aunque no te sienta.
Pronto veré mis oraciones convertidas en grandes bendiciones.
Me levanto y salgo a este día. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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