
Amado Dios, en el silencio de este viernes que nace, vengo a ti.
Todavía no hay ruido, todavía no hay prisas. Es el mejor momento para escucharte.
Te pido paz, para el corazón. Sabiduría, para la mente. Fuerza, para el cuerpo.
Toca mi corazón y no permitas que me aparte de tu lado jamás.
Salgo del silencio a la jornada contigo. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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