
Amado Dios, este viernes reconozco que he estado luchando solo con mis fuerzas. Y me he cansado.
Quiero sostenerme de la roca, que eres tú. Quiero refugiarme en ti.
Detén el viento que me sacude. Calma las aguas que me asustan, como hiciste en el lago con tus discípulos.
Te entrego la tristeza de mi corazón. Sé que tú nunca fallas.
Salgo a este día apoyado en la roca. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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