
Señor crucificado y resucitado, en esta mañana de viernes contemplo tu amor entregado en la cruz y te doy gracias por este nuevo día.
Tú conociste el dolor, el cansancio y la soledad, y nunca dejaste de confiar en el Padre. Dame esa misma fortaleza para las pruebas que hoy pueda encontrar.
No te pido una vida sin dificultades, sino un corazón firme que no se rinda. Que cuando me sienta débil, me apoye en ti y encuentre fuerza para seguir.
Te encomiendo a los que cargan cruces pesadas: enfermedades, duelos, deudas, conflictos familiares. Ayúdalos a llevarlas y pon a su lado buenos cireneos.
Que hoy yo también sea apoyo para alguien. Abre mis ojos para ver al que sufre y mis manos para ayudarle.
Con María al pie de la cruz, pongo este viernes en tus manos. Amén.