
Padre eterno, al terminar este día de Todos los Santos levanto los ojos al cielo. Gracias por recordarme que no estamos hechos para quedarnos aquí, sino para vivir contigo para siempre.
Jesús dijo que en tu casa hay muchas moradas y que fue a prepararnos un lugar. Esa promesa me consuela esta noche y le da sentido a lo que vivo, a lo que sufro y a lo que amo.
Mañana recordaremos a los fieles difuntos. Desde ya pongo en tus manos a mis padres, abuelos, familiares y amigos que partieron. Mira su vida con misericordia y concédeles el descanso eterno.
Te pido también por los que hoy lloran a alguien. Que no se sientan solos en su dolor y que encuentren en la fe un abrazo que sostenga su corazón.
Guárdame esta noche bajo tu protección. Que duerma en paz, sabiendo que el amor es más fuerte que la muerte y que tú tienes la última palabra. Amén.