
Jesús, tú lloraste ante la tumba de tu amigo Lázaro. Por eso sé que comprendes el dolor de perder a quien amamos y que no te es indiferente ninguna lágrima.
Esta noche te presento a quienes están viviendo un duelo: a la madre que perdió un hijo, al esposo que extraña a su esposa, a los niños que ya no tienen a sus abuelos. Acércate a ellos con ternura.
Cuando la ausencia pese en la casa, en la mesa o en el silencio de la noche, sé tú compañía. No permitas que la tristeza se convierta en desesperanza.
Ayúdanos a recordar a nuestros difuntos con gratitud y no solo con dolor. Que podamos hablar de ellos con una sonrisa, sabiendo que tú los tienes contigo.
Recibe mi descanso de esta noche como un acto de confianza. Duermo en paz porque creo que tú eres la resurrección y la vida. Amén.