
Amado Dios, esta noche recuerdo que mi destino no está en manos de nadie más que en las tuyas.
No depende de la opinión de los demás, ni de la suerte, ni de las circunstancias. Depende de ti.
Eso me da libertad para ser feliz, para vivir intensamente cada día y para dar lo mejor de mí.
Tú me amas, y grandes bendiciones están por llegar. Confío en tu fidelidad.
Me duermo con mi destino en tus manos. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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