
Amado Dios, esta noche levanto la mirada al cielo. Las estrellas me recuerdan que tú eres más grande que mis problemas.
Lleno mi corazón de esperanza, aunque las circunstancias no la justifiquen.
Quiero dar cada día lo mejor de mí, sin esperar recompensa inmediata.
Creo en tu promesa: lo que hoy parece una prueba, mañana será bendición. Tú transformas el dolor en fruto.
Me duermo con la mirada en el cielo. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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