
Amado Dios, esta noche me detengo un momento para hablarte. No vengo a pedir, sino a agradecer.
Gracias por tantas cosas maravillosas: la vida, la familia, la fe, los amigos, los pequeños placeres del día.
A veces mis oraciones son solo listas de peticiones. Hoy quiero que sean un canto de gratitud.
Qué hermoso es caminar en tu compañía. Contigo, el camino se hace ligero y cada paso tiene sentido.
Me duermo agradecido de caminar contigo. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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