
Señor, la noche ha llegado y este jueves se despide. Antes de cerrar los ojos quiero detenerme un momento contigo, en silencio, para darte gracias y entregarte todo lo que viví hoy, lo que salió bien y también lo que me costó.
Gracias por cada momento de este día: por el trabajo realizado, por las conversaciones compartidas, por la comida en la mesa y por las pequeñas alegrías que me sostuvieron. Gracias también por tu presencia silenciosa en las horas difíciles, cuando quizá no te sentí, pero tú estabas a mi lado.
Pongo delante de ti mis faltas de hoy. Perdóname por las palabras impacientes, por la indiferencia ante quien necesitaba ayuda y por las veces que me olvidé de ti. Lava mi corazón con tu misericordia y dame la gracia de perdonar también a quienes me hirieron, para dormir en paz y sin rencores.
Te entrego mis preocupaciones: los asuntos pendientes, las cuentas que me inquietan, las personas que amo y los problemas que no sé cómo resolver. No quiero llevarlos conmigo a la cama. Los dejo en tus manos, sabiendo que tú velas mientras yo descanso.
Cuida esta noche mi hogar y a cada uno de los que viven en él. Acompaña a los enfermos que no pueden dormir, a quienes trabajan mientras otros descansan, a los que están solos y a los que lloran. Que tu luz, como una vela encendida en la oscuridad, les dé consuelo y serenidad.
Virgen María, Madre de bondad, cúbreme con tu manto. Ángel de mi guarda, no me desampares ni de noche ni de día. Que mi descanso sea profundo y reparador, y que mañana despierte con fuerzas renovadas para seguir sirviendo a Dios.
En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Gracias por este día y por tu amor que nunca se apaga. Amén.