
Señor Jesús, en la noche del jueves recuerdo la Última Cena, cuando nos diste tu mandamiento nuevo: que nos amemos unos a otros como tú nos has amado.
Esta noche examino mi corazón y reconozco que no siempre he amado así. Perdóname por el egoísmo, por el juicio rápido y por las palabras que hirieron.
Te presento a las personas con quienes tengo heridas abiertas. Dame la gracia de perdonar, aunque me cueste, y la humildad de pedir perdón cuando me toque.
Que el rencor no tenga lugar en mi casa. Sana las relaciones en mi familia y danos paciencia unos con otros.
Bendice a los que buscan reconciliarse y a los que esperan una palabra de perdón que no llega. Toca sus corazones con tu misericordia.
Me duermo confiado en tu amor, que es más grande que mis faltas. Amén.