
Amado Dios, al apagar las luces de este lunes pienso en la salud, ese regalo que solo valoramos cuando falta. Gracias porque hoy pude caminar, trabajar, comer y abrazar.
Te pido por la salud de mi familia. Por los que tienen dolores que no cuentan, por los que esperan resultados médicos, por los mayores que se fatigan más rápido. Sé tú su médico y su consuelo.
Cuida también de mí. Ayúdame a descansar bien esta noche, a alimentarme con sensatez y a no descuidar mi cuerpo, que es templo de tu Espíritu.
Te entrego mis sueños y mis necesidades. Que los logros que vengan esta semana sean fruto del esfuerzo honrado y que la alegría que nos regales la sepamos compartir.
Bendice a todos los enfermos que pasan esta noche en un hospital o en su casa con dolor. Que sientan tu cercanía. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.