
Amado Dios, esta noche quiero hacer memoria de tu bondad. Cuando miro hacia atrás, descubro tantas veces en que me sostuviste sin que yo me diera cuenta.
Esa memoria me ayuda a confiar hoy. Si me cuidaste antes, ¿por qué habría de temer ahora? Te entrego mi vida con lo que tiene de luz y de sombra, mis sueños y mis necesidades concretas.
Que esta semana esté llena de oportunidades, y que tenga ojos para verlas. A veces las oportunidades llegan disfrazadas de trabajo extra, de un favor que me piden o de una persona difícil que pone a prueba mi paciencia.
Que las conquistas que me regales no sean solo externas. Ayúdame a conquistar mi mal genio, mi impaciencia y mi tendencia a la queja.
Me duermo tranquilo porque tu bondad no se agota. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.