
Amado Dios, al final de este lunes quiero darte gracias por algo que a veces doy por hecho: mi familia. Imperfecta, ruidosa, a veces difícil, pero mía y regalo tuyo.
Gracias por los que me enseñaron a rezar, por los que me aguantan los días malos, por los que me hacen reír cuando no tengo ganas. Gracias también por los que ya partieron y siguen vivos en mi memoria.
Pongo en tus manos lo que soñamos juntos: una casa en paz, salud para todos, trabajo digno, hijos que crezcan en la fe. Guíanos para que nuestros pasos vayan en la misma dirección.
Ayúdanos a vivir en alegría verdadera, la que no depende del dinero ni del éxito, sino de sabernos amados por ti y unidos entre nosotros.
Esta noche te pido que bendigas el sueño de cada uno. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.