
Amado Dios, esta noche pongo en tus manos todo lo que soy. Mi vida, con su historia; mis sueños, con sus luces; mi fe, a veces firme y a veces frágil; mi esperanza, que tú alimentas.
Hoy hubo momentos en que sentí que me faltaba algo: tiempo, dinero, paciencia, compañía. Pero al mirar el día contigo descubro que nunca me faltó lo esencial: tu presencia.
Quiero vivir feliz, no con una alegría superficial, sino con la serenidad de quien sabe que está en buenas manos. Que la confianza en ti sea más fuerte que mis miedos.
Enséñame a contentarme con lo necesario y a compartir lo que me sobra. Que la abundancia que busco sea, ante todo, abundancia de amor.
Descanso en paz porque donde tú estás, todo está bien. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.