
Amado Dios, esta noche quiero preparar mi corazón como quien prepara la casa para una visita importante. Tú tienes planes para mí, y quiero estar listo.
Prepara en mí espacio para las sorpresas buenas: un logro que no esperaba, una amistad sincera que llegue o se fortalezca, un sueño que por fin se cumpla. Que no las desprecie por venir de forma distinta a como las imaginé.
Renueva mi salud, Señor. La del cuerpo, cansado por el trabajo; la de la mente, saturada de pensamientos; la del alma, que a veces se seca por falta de oración.
Quita de mi corazón la desconfianza, el pesimismo y la queja, que ocupan el lugar de tus bendiciones. Hazme humilde para recibir y generoso para compartir.
Me duermo con la esperanza de un niño que sabe que su padre le prepara algo bueno. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.