
Amado Dios, ya anocheció, y quiero devolverte este día que me prestaste. Desde el amanecer hasta ahora, tu gracia me ha acompañado.
Pongo en tus manos cada actividad que hice: lo que salió bien, para que lo bendigas; lo que salió mal, para que lo repares; lo que dejé pendiente, para que me des fuerzas mañana.
Líbrame de todo mal esta noche. Que ningún peligro se acerque a mi casa y que ninguna angustia me robe el sueño. Bendice a mi familia, a los que duermen aquí y a los que están en otros lugares.
Que tu gracia nos cubra como una manta en la noche fría. Y que mañana, desde el primer rayo de luz, volvamos a sentir que caminas con nosotros.
Me entrego al descanso con el corazón tranquilo. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.